Veterodoxia – Pepe Rey

Octavas polifémicas

Por los años 1988 – 1989 PR colaboraba en el ABC de Madrid con una columna titulada Al son que tocan, que aparecía los jueves. En ella no pretendía hacer crítica, sino informar al aficionado sobre eventos musicales que tendrían lugar durante el fin de semana y, en su caso, animarle a asistir a los mismos.

En el mes de agosto de 1989 se celebraba el festival de música antigua anejo al Curso de Música Barroca y Rococó de El Escorial. A promocionar este festival dedicó PR su columna del jueves, 24 de agosto. Entre los conciertos programados figuraba uno a cargo del conjunto La Stravaganza con la zarzuela Acis y Galatea, de Antonio Literes, a la que se le habían cambiado los versos no cantados del libreto de Cañizares por las culteranas octavas de la Fábula de Polifemo y Galatea, de Góngora. En su comentario PR expuso sus dudas acerca de la oportunidad de tal cambio y, más aún, acerca de su efectividad dramática, si no se sumistraba a los asistentes la edición del Polifemo anotada por Dámaso Alonso y el Diccionario de Autoridades.

PR. Madrid, un enigma musical. ABC, 24-08-1989, p. 51.

Parece ser que a la supradicha Stravaganza no le gustó el comentario ni poco ni mucho ni nada, así que sin pensarlo dos veces –quizá ni media– garabateó un escrito exabrúptico tan carente de argumentos como sobrado de faltas de ortografía, morfología y sintaxis –de retórica no hablamos–,  lo pasó a la firma de sus miembros más algunos allegados y lo remitió con urgencia al domicilio de PR por medio de un mensajero motorizado. No es seguro que haya que lamentar que no haya quedado rastro de aquel escrito por las razones que se describen en el cuadragésimo verso del poema subsiguiente, pero en su defecto se podrá  verbalizar de modo resumido e inteligible su argumentación: según la misma, al autor le movían de consuno la habitual envidia, la siempre penosa falta de dotes musicales y el más supino desconocimiento de uno de nuestros más elevados valores literarios, nada menos que don Luis de Góngora y Argote.

El pobre PR quedó sumido en la depresión más profunda, de la que sólo pudo salir gracias a su psiquiatra y a las Musas que, atentas tanto a la vieja amistad como a la momentánea necesidad, tuvieron a bien proporcionarle una hora de inspiración, de la que salieron estas octavas.

A UNOS QUE PRETENDEN FIRMAR Y NI SIQUIERA SABEN LEER EL ABC

(En octavas con permiso de don Luis de Góngora y Argote)

Estos que me inspiró versos ripiosos
culta no, aunque colérica, misiva,
amigos míos, no son caprichosos
ni quieren malgastar pluma o saliva,
ni aun deciros, pues soislo, maliciosos,
usando la justicia vengativa,
mas consolar vuestra alma atribulada
tras tan gran perpetrar y ruin cagada.

Si estos Natura dones os regala,
gracias le doy, que a mí me libró de ellos.
Mejor daros debiera pico y pala
con que cavar pudierais surcos bellos,
que, cierto si es lo que el rumor propala
(y por mis fuentes debo yo creellos),
vuestra polifemada fue tan bruta,
que convertisteis a la ninfa en puta.

¡Oh, Galatea!, lácteo nombre amado,
solfa y Góngora unió quien no debiera
y te hizo requesón. ¡Oh!, triste hado,
que cruel mata a quien te bien quisiera
por mano de un gigante unicojado,
dejándote indefensa en tal manera
que, no ya un ciego, sino incluso un sordo
destrozarte pudiera. Y eso es gordo.

¿A qué sardina mía arrimar puedo
ni qué ascua del demonio arrimaría,
si el tizne que me ofrece vuestro dedo
polvo sólo y ceniza tiene fría?
Metáfora infinita es dar al pedo
de meliflüidad categoría.
Mayor atrevimiento aún es quejarse
cuando lo más higiénico es limpiarse.

¿Por no pensar igual me dais garrote?
¿Me enterráis de por vida? Vano empeño.
Me palpo de los tarsos al cogote,
del cabo al rabo, del ombligo al ceño
y, aunque con discreción, miro el cipote.
Me digo: “¿Cómo soy? ¿Soy extremeño?”
Mas, quia. Soy de Madrid, un poco chulo
y con vuestro papel me limpio el culo.

Disculpad mi lenguaje quevedesco
al par que gongorino o culterano.
Es porque comprobéis que aún estoy fresco,
a pesar del bochorno del verano.
Por contra, vuestro escrito es como un cuesco
parido en vergonzoso castellano.
¿Cómo puede cantar el “Polifemo”
quien en sintaxis marra más que un memo?

“El medio es el mensaje”, dijo un sabio,
y a fe que es gran saber saber hacerlo.
Si todo lo que os sale por el labio
es como ese panfleto, contenerlo
debéis por discreción, no diga Fabio:
“Éstos a Luis pretenden entenderlo,
con símbolos, hipérbaton, casuísticas…
y no entienden las prosas periodísticas”.

Lo dicho dicho está y no me retracto.
Si no sabéis leer, id a la escuela
y aprended a escribir con verbo exacto.
Pasad el tifus, sarampión, viruela,
y haceos mayorcitos al contacto
con lo que anda, respira, nada o vuela.
Y, si a tañer no os enseñó Natura,
probad a subsanarlo con Cultura

“Adiós”, decís. “Al diablo”, os digo, “al cuerno,
a la mierda, a la porra y al carajo,
a tomar por el culo y al infierno”.
No toméis, con las prisas, el atajo,
que aún os queda el otoño y el invierno,
y olvidadme cuando lleguéis abajo,
que al querer aliviar las frustraciones
vuestras plumas parecen escobones.

Uno de los firmantes del escrito contestatario, el sevillano Ventura Rico, tuvo el valor –que le honra– de responder con este soneto:]

Me aplico los rigores del cilicio
y cumplo la debida penitencia
por acallar la voz de mi conciencia
y expiar mis pecados y mis vicios.

Me prometes desprecio vitalicio
(justo pago es a mi impertinencia),
pese a ello solicito tu clemencia
por no sufrir del odio el suplicio.

Así he de padecer este tormento
por mezclarme en ajenas malquerencias
de las que ignoro el caso o el evento

y faltar gravemente a la justicia
firmando a la ligera el documento.
¡Tal es la magnitud de mi estulticia!





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