Veterodoxia – Pepe Rey

Barbieri, folklorista y organólogo. II

Sus colaboraciones en el Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano (DEHA): “Instrumentos musicales populares en España “.

Pepe Rey

Conferencia presentada el 30 de septiembre de 2017 en el Palacio Quintanar, de Segovia, dentro de las VI Jornadas de la Asociación Instrumenta. Se trata de una introducción a los artículos de Barbieri, que pueden leerse en página aparte.

 

En el nº 159 (12-01-1885) de la revista Ilustración Artística apareció el primer anuncio del más importante proyecto de la editorial Montaner y Simón: “Enciclopedia Hispano-Americana. Diccionario Universal de Literatura, Ciencias y Artes”. El anuncio se fue repitiendo durante los dos años siguientes con la obvia intención de captar suscripciones que financiasen el ambicioso proyecto.

Dos años más tarde (febrero de 1887), cuando comenzaron a imprimirse los primeros cuadernillos de la obra, el título definitivo quedó como Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano de Literatura, Ciencias y Artes (en adelante DEHA, como se le conoce habitualmente en los trabajos lexicográficos). Los veintitrés gruesos tomos –en veinticuatro volúmenes, porque el tomo quinto consta de dos volúmenes– que forman el DEHA se acabaron de publicar en 1898. Después fueron añadiéndose cinco tomos de apéndices, el último de los cuales apareció en 1910. La obra constituye, sin duda y no solo por el tamaño, el mayor esfuerzo editorial hasta aquel momento en la lexicografía de habla hispana. La llegada inmediata de los setenta volúmenes de la Enciclopedia Espasa (1908-1930) hizo olvidar demasiado pronto el DEHA, que, sin embargo, contiene información todavía hoy muy valiosa. Actualmente se puede consultar online en dos páginas: La Biblioteca Digital Hispánica y el Internet Archive.

Para los aspectos generales del DEHA he seguido las informaciones suministradas por Pilar PARDO HERRERO en su magnífica tesis de doctorado (UAB 2012): El Diccionario Enciclopédico Hispano-americano de Montaner y Simón: a propósito del léxico de la ciencia y de la técnica.

La autora ha consultado detenidamente el Fons Montaner y Simón, de la Biblioteca de Cataluña, donde se conserva la única documentación que subsiste tras la quiebra y cierre de la editorial en 1981, por lo que sus datos son del todo fiables. Pero a renglón seguido hay que añadir que, lamentablemente, entre esa documentación no hay ningún documento que se refiera directa y concretamente a Francisco Asenjo Barbieri. Como complemento a la precisa información general aportada por la doctora Pardo he podido añadir solamente unos pocos documentos conservados entre los papeles Barbieri de la BNE.

Al principio de cada tomo del DEHA –excepto en los apéndices– figura una “Lista de los autores encargados de la redacción de este diccionario”, pero las entradas de la obra son siempre anónimas. La mayoría de los colaboradores del DEHA lo eran también de la revista La Ilustración Artística. De hecho, algunas entradas del diccionario proceden directamente de artículos publicados en la revista.

Los nombres de la lista de autores no siempre son los mismos. (He detectado algunas discrepancias al respecto entre diversos ejemplares del DEHA, pero creo que sin consecuencias para lo que aquí interesa en este momento). Francisco Asenjo Barbieri aparece como responsable de las voces de “Instrumentos de música populares en España” en los tomos 1 a 13, lo que no significa que en todos ellos tenga alguna participación… ni tampoco lo contrario. La lista de autores tiene un carácter evidente de apoyo publicitario o búsqueda de prestigio, de modo que algunos nombres figuran en todos los tomos, como Marcelino Menéndez y Pelayo, a pesar de que se sabe por propia confesión que solo redactó dos entradas. Barbieri murió en 1894, cuando el DEHA andaba todavía por el tomo 14 (O-PENAS, incluye la voz pandero), en el que su nombre ya no aparece en la lista de autores. ¿Cuáles son exactamente las voces de instrumentos de música populares en España que se le pueden atribuir? La escasa documentación conservada tras la quiebra y cierre de la editorial en 1981 no ayuda nada en este aspecto. Además, parece que no se conserva entre los famosos papeles de la BNE ningún borrador autógrafo de estos artículos, por lo que es casi imposible saber tampoco si los editores añadieron, cambiaron o suprimieron algo en el proceso de edición.

Por otra parte, dentro de la mencionada lista de autores figura –este sí en todos los tomos– el músico gaditano residente en Madrid José María Sbarbi (1834-1910) como responsable de “Lexicografía, Gramática, Música”. Es el único que escribe sobre asuntos musicales, aparte de Barbieri; por tanto, es de suponer que a él se deberán las voces sobre música, salvo las referidas a instrumentos populares españoles. Sbarbi, compositor, hombre de trato afable, experto en música, en paremiología y en otras materias, gozaba de merecido prestigio en el Madrid literario finisecular y mantenía muy buena relación con Barbieri. Ya en 1875 se había presentado su candidatura para la Real Academia de la Lengua, aunque sin éxito. En 1900 sería elegido académico de la de Bellas Artes, ocupando la vacante dejada por Guillermo de Morphy. Con motivo de la muerte de Barbieri publicó en el Boletín musical (año II, nº 10, 25-02-1894), que dirigía Valera Silvari, una sentida nota necrológica, de la que entresaco algunos párrafos que me parecen pertinentes en este momento:

Nos conocimos en el año de 1867, cuando mi primera venida a Madrid, y en fuerza de nuestro común cariño a la Música y a las Bellas Letras, junto con el cultivo y ejercicio de ambas facultades, no tardamos en estrechar la más invariable amistad.

Mutuamente nos consultábamos muchos de nuestros borradores antes de darlos a luz, sosteniendo a veces pacíficas discusiones, hasta acabar por entendernos en medio de la mayor templanza.

Si enderezaba él las discusiones por otro sendero, solo con el intento de oírme y poner a prueba mi paciencia para ver de hacerme saltar (asunto en que se gozaba cuando había gente delante, o aun cuando solo estuviera su amable consorte), jamás consiguieron los circunstantes, de igual manera que el interesado, oír de mis labios, como conclusión de nuestras amistosas luchas, otro razonamiento que el siguiente: «Estos son los toritos que yo quiero que me echen; los claros, que no los marrajos.»

La cercanía entre Barbieri y Sbarbi durante estos años precisamente en asuntos relacionados con artículos y publicaciones debe, en mi opinión, ser tenida en cuenta al valorar la participación de ambos en el DEHA. No sería nada extraño que Sbarbi se hubiera encargado de completar las tareas que Barbieri dejó pendientes a su muerte, siguiendo en algunos casos indicaciones precisas del maestro.

Dentro de un diccionario de tan altos y amplios vuelos sorprende un tanto que Barbieri se encargase de una parcela tan concreta y limitada –respecto al asunto más general de la música– como los “instrumentos de música populares en España”. Los campos de trabajo asignados a cada uno de los demás colaboradores son bastante más genéricos. ¿Fue decisión suya o encargo preciso de la dirección del DEHA? La pregunta es en buena parte retórica, porque el DEHA no tuvo director, o, mejor, sí lo tuvo, aunque no figurara como tal en los créditos de la obra, que se publicó sin prólogo, introducción ni nada parecido. Pilar Pardo, sin embargo, ha encontrado el contrato de 26 de marzo de 1887 –fecha posterior a la publicación de los primeros cuaderniilos– por el que los editores Montaner y Simón “encargan al Sr. [Aniceto de] Pagés la organización y confección del Diccionario Enciclopédico hispano-americano”.

Aniceto de Pagés de Puig (1843-1902) residía en Madrid desde 1878 y tenía algún tipo de relación con Barbieri, según señalé en la primera parte de este ensayo al hablar de los artículos del músico madrileño para la revista IA. Sin muchas fantasías inventivas, podemos imaginar una entrevista entre ambos en 1887 o antes, quizás en el domicilio mismo de Barbieri, en la que Pagés le habló sobre el proyecto del diccionario enciclopédico y Barbieri, tras sopesar el asunto, le propuso cuál quería que fuera su participación. Es posible pensar, incluso, que también asistiera a esa reunión José Mª Sbarbi, para distribuir entre ambos músicos las voces musicales. [1] Poco tiempo después Barbieri le entregaría a Pagés en mano o por correo la lista de las voces que se comprometía a redactar para el diccionario. Esta pudo ser, más o menos, la lista propuesta por Barbieri:

Albogue, [2] Bandurria, Caramillo, Castañetas, Cítara, Cornamusa, Dulzaina, Flauta, Flautilla, Gaita, Guitarra, Pandereta, Pandero, Pífano o Pito, Rabel, Siringa, Tambor, Tamboril, Vihuela, Zampoña.

La hoja que contiene esta lista se encuentra entre los papeles de la BNE en la misma carpetilla (MSS. 14.070/5) que guarda el borrador del artículo-memoria sobre la flauta -comentado en la primera parte de este trabajo- y el borrador de la carta de respuesta a la consulta del archivero gerundense Julián de Chía sobre los nombres de instrumentos que había encontrado en varios documentos medievales.

En esa misma carpetilla hay otros papeles con diversos apuntes sobre instrumentos y anotaciones de variado carácter. Casi todos ellos han sido transcritos y publicados por Emilio Casares en su edición del legado Barbieri (II, pp. 229 y ss.), pero no esta hoja, quizás por considerarla el editor poco interesante, puesto que en apariencia solo es una lista de nombres. Sin embargo, la hoja destaca entre todas las del MSS. 14.070/5 por la pulcritud de su escritura, por el orden alfabético y, sobre todo, porque solo contiene instrumentos que pueden considerarse populares.

Llegadas las fechas acordadas para el comienzo de la entrega de los textos, Pagés envió a Barbieri una carta en mano por medio de un mensajero (BNE, MSS. 14.011/2/2):

Sr. D. Francisco Asenjo Barbieri

          Mi querido y sabio maestro: mañana mando a Barcelona las pruebas relativas a Albo. Si tiene U. algo escrito sobre albogue, le agradeceré que lo entregue al dador de la presente: si no tiene U. nada escrito y piensa U. escribir algo, sírvase indicar al dador la hora en que debe recogerlo.

         Su afecmo. amigo y S. S. q. b. s. m.

         Aniceto de Pagés  [rubricado]

         1 Junio 1887

          S/C Bailén, 26, 2º, pasado el viaducto.

La fecha de la carta revela bastante bien el apretado sistema de trabajo seguido para la elaboración de la obra. El primer cuadernillo de 40 páginas del DEHA fue impreso y enviado a los suscriptores en febrero de 1887. A partir de esa fecha las entregas tuvieron una periodicidad semanal y bastante regularidad. La voz albogue se encuentra en la p. 804 del primer tomo; por tanto, pertenece al cuadernillo 20º, que fue impreso y enviado 20 semanas más tarde, o sea, en junio, muy poco tiempo después de que Barbieri entregara su texto. Si, además, el autor corregía pruebas, los pasos tuvieron que hacerse con mucha rapidez. No conozco más cartas u otro tipo de documentos que ayuden a situar temporalmente otras voces, pero esta puede bastar como indicio para suponer un trabajo de redacción y entrega de originales bastante inmediato respecto a su publicación. Siempre queda la posibilidad de que Barbieri adelantase la entrega de varios artículos con bastante anticipación a su envío a la imprenta, pero harán falta buenas razones para admitir tal posibilidad. Parece lógico, más bien, que la atención a sus múltiples ocupaciones no se lo permitiría. Por ello hay que pensar en 1894 como fecha tope de atribución de sus colaboraciones, salvo que alguna circunstancia sugiera lo contrario.

Una de las características notables del DEHA consiste en que cada voz comienza con una selección de autoridades, es decir, citas textuales de autores españoles de todas las épocas que documentan el empleo del término. En este detalle se ve la mano y el criterio de Aniceto de Pagés. En efecto, su proyecto más personal en el terreno lexicográfico fue la elaboración de un gran diccionario de autoridades, al que dedicó muchísimo esfuerzo desde antes de que se proyectase el DEHA, pero que solo se publicó después de su muerte: Gran diccionario de la lengua castellana autorizado con ejemplos de buenos escritores antiguos y modernos […] Madrid-Barcelona, Sucesores de Rivadeneyra-Pedro Ortega-Fomento comercial del libro. c. 1902-c. 1931, 5 vols. Cabe pensar, por tanto, que las citas textuales no estarían en los artículos originales entregados por los autores, sino que serían añadidas por Pagés. En algunos casos, sin embargo, hay referencias en el cuerpo de los artículos a las autoridades citadas, por lo que ocasionalmente puede que hubiera cierta coordinación entre autor y director en este aspecto.

La redacción de estos artículos sobre instrumentos para el DEHA está íntimamente relacionada con la actividad de Barbieri en el campo de la organología, sobre todo como coleccionista. Es este un aspecto que ya fue estudiado hace años por Cristina BORDAS en su artículo “La colección de instrumentos de Barbieri: una aportación a la historia de la organología en España.” (Revista de Musicología, 14, 1-2, 1991, pp. 105-111), del que entresaco el siguiente párrafo:

Barbieri, es sabido que, al igual que en otros temas, recopiló cuantos datos históricos sobre instrumentos y sus constructores llegaban a sus manos, pero tan solo dejó redactadas tres monografías: sobre la flauta, sobre la trompa y sobre las castañuelas, a las que hay que añadir las innumerables papeletas con datos históricos que hoy se conservan en la Biblioteca Nacional entre los llamados “Papeles Barbieri”, y la carta a Julián de Chía que este incluyó en su libro sobre la música en Gerona.

Los artículos incluidos en el DEHA, que ahora recupera y difunde Veterodoxia, amplían notablemente nuestro conocimiento sobre la aportación de Barbieri al estudio de los instrumentos musicales, asunto en el que también se le puede considerar pionero en España. Pero todavía hay que añadir otro trabajo más, que también ha quedado casi totalmente olvidado. Se trata de un estudio presentado el 12 de enero de 1891 en una sesión de la Real Academia de Bellas Artes y publicado en el Boletín correspondiente a ese mismo mes. Su título fue originalmente “El silbato de cañas que ostenta el dios Pan”, aunque en la versión impresa quedó como Siringa o silbato de cañas. En él Barbieri se adentra en aspectos lingüísticos, mostrando su excelente preparación en el latín clásico y en diversas lenguas modernas. Veterodoxia ha querido incluirlo también en esta recuperación de escritos de Francisco Asenjo Barbieri injustamente olvidados por la musicología durante más de un siglo.

Véanse los artículos de Barbieri publicados en el DEHA

[1] La relación entre A. de Pagés y J. Mª Sbarbi en torno al proyecto del DEHA fue bastante estrecha. Pagés llegó a proponer a los editores que Sbarbi figurase como director de la obra, a lo que el músico se negó porque “hacer U. el trabajo y dar otro el nombre, es una indignidad”. El asunto es tratado detenidamente por Pilar Pardo Herrero en la p. 48 de su tesis.

[2] En el manuscrito debajo de la palabra Albogue anota Barbieri: “Melcior –  pág. 27. Dozi (al-bôc) especie de trompeta”. Son las únicas anotaciones en la lista, como si el autor hubiera decidido después simplificar detalles. En el primer caso se refiere al Diccionario enciclopédico recopilado por D. Carlos José MELCIOR. Lérida, Imprenta Barcelonesa, 1859,  en cuya página 27 se contiene, efectivamente, la voz Albogue: “Instrumento músico pastoril usado antiguamente para acompañar canciones y bailes, según se lee en poesías y novelas pastoriles antiguas: la embocadura y la campana, eran de cuerno a la cual conducían el viento dos cañas de madera con tres agujeros cada una para formar la escala. Albogue es también un instrumento compuesto de dos chapas de azófar, parecido a lo que algunos creen haber sido el antiguo crótalo.”

La segunda cita debe referirse a alguna de las obras de Reinhart Pieter Anne DOZY, seguramente a la edición castellana de la más famosa; Historia de los musulmanes españoles hasta la conquista de Andalucía por los almorávides (711-1110). Madrid, Victoriano Suárez, 1877-1878. 4 Tomos. No he encontrado la referencia exacta.

(Continuará)

 

 

 

 





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